No explique su trabajo, hágalo.

A veces olvidamos que el confinamiento es contra el virus, no contra la inteligencia… No creo que éste sea el mejor momento político ni social, para contabilizar muertos o fallecidos con criterios de calidad epidemiológica científica: “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Las víctimas de la pandemia perdidas en el limbo de un macabro cajón de sastre, esperando el frío escrutinio final de “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Me congela el corazón!

El insoportable espectáculo diario de baile de cifras resulta perverso, para una sociedad angustiada por la tragedia de la pandemia viral, o por cualquier otro desastre de origen natural, que difícilmente la cordura, la razón ni el miedo pueden mitigar, cuando no hay certeza de nada. El “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Puede tener todo el rigor científico, pero no deja de ser percibido como ruleta de la suerte.

Los filtros y las cribas son brutales e inhumanas, cuando el rigor estadístico supera la ética política y a la persona por el número. En medio de la zona cero no se puede dar tal espectáculo científico y verborreico, propio de aprendices de humanos. Una sociedad sobreimpresionada y en shock, lo menos que le puede interesar es la minuta científica, y el desorden que manifiestan inseguridad agudizando el dolor.

Una cosa es, mi querido Don Simón, es la gimnasia y otra la magnesia. “Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa dice el sentido común”. Confundir trasparencia con rigor científico es de imbéciles. Habrá tiempo para el rigor estadístico científico y epidemiológico académico, una vez terminada la pandemia. Pero por favor, los espectáculos públicos de malabares circenses, los mínimos.

No es ético, ni jamás lo será, la sobreexposición de los ciudadanos a un diálogo saturado de tecnicismos estadísticos, ni al pasteleo incesante del número por el número, como sinónimo de transparencia. Relativizar la tragedia humana con tecnicismos y eufemismos con “porcentajes del porcentaje de los porcentajes” o el angustiante “tú sí, tú no, y tú tal vez”.

A veces el cálculo y cómputo estadístico se deshumanizan en el análisis técnico, tienen un valor y un relato sólo para mentes entrenadas. Resultan ser un ejercicio confuso e infame. En plena pandemia no se pueden retener a miles de fallecidos en una suerte de cuarentena o cajón de sastre. El tratamiento de las personas como si fueran números resultantes del problema matemático de Collatz, uno de los más fáciles de enunciar y difíciles de resolver. No es aceptable como modelo de comunicación. ¡No nos explique su trabajo, hágalo!

Considero fuera de lo ético humano, el cálculo político cortoplacista en medio de una pandemia para sacar ventaja electoral e incluso penal. Anestesiar a los ciudadanos con nomenclatura técnica para amortiguar la indigerible tasa de fallecidos, hasta ralentizarla e incluso disminuirla, es lo mismo que desnaturalizar el costo en vidas.   Es cierta la metáfora de Einstein: “Dios no juega a los dados”, los políticos sí, pero con dados cargados.

Los aducidos por el cientifismo estereotipado del cine, no siempre se adaptan a la realidad, son individuos desarbolados de sentimientos y empatía social. El cliché impera antes que el sentido común. No todos pueden asemejarse al físico británico Stephen Hawking y sus estridencias, ni al humor de Einstein, ni al profesor Protón, de the Big Bang Theory, tampoco al profesor Hubert Farnsworth de Futurama, y no me olvido del genial profesor Poindexter, del Gato Felix. El problema aquí no es la exageración, sino el quedarnos cortos en el análisis.

No todos los científicos son actos para comunicar conocimientos, y menos explicarlos, por mucha que sea la apariencia de científico loco desaliñado o de detective Colombo. La inteligencia emocional es algo que se tiene o se entrena. El fracaso comunicacional de Don Simón en medio de la tragedia ha sido un duro varapalo para la confianza, la credibilidad y la paciencia, sólo superada por el dolor de las víctimas. Poner a miles de fallecidos en cuarentena, esperando las notas del examen de selectividad. “tú sí, tú no, y tú tal vez”. Solo puede tener una finalidad política amoral, como el rédito electoral, y el manual de resistencia.

¿Virus vs. Democracias occidentales?

Los sacrificios colectivos producto de la conciencia ciudadana, sobre todo en las democracias occidentales, hace tiempo que dejaron de funcionar en el formato conocido por algunos de nosotros, solo tienen apariencia de poder real, pero no es así. Tienen existencia propia aparente como el arte y la estética, pero no real, y solo en los libros que nadie lee, o en el “The History Channel”, canal de historia. La apariencia de normalidad la cumplen las instituciones en sus viejas carcasas monumentales tipo catedral. Edificios vacíos de contenido útil.  Siguen estando ahí, eso sí, pero como simple atrezo y/o utilería de teatro o inmuebles patrimoniales de la cultura y la memoria efímera.

De ahí que las dictaduras sean las únicas capacitadas y reforzadas para enfrentarse a los nuevas amenazas inéditas y desafíos globales del siglo XXI, contra la civilización occidental y la humanidad de carne y hueso: Crisis energética, Terrorismo global, Guerras informáticas, Cambio climático y Pandemias virales de nueva generación. En estas últimas décadas entre siglos, hemos asumido la convivencia con la amenaza perpetua a la extinción de la humanidad. Primero fue la Primavera Silenciosa de Rachel Carson, seguida por la espada de Damocles a la III guerra mundial del holocausto nuclear y el exterminio final de la vida, incluidas la invasión extraterrestre y el Deep Impact de un cometa.  Las pandemias “inteligentes” y globales, no reconoce entre clases sociales, entre pobres y ricos, entre estados desarrollados o del tercer mundo, además de haber modificado su comportamiento letal… Nadie predijo en términos de probabilidad un desastre a lo Chernóbil, en un laboratorio «secreto» de microbiología militar de china.

Con el escalamiento al poder político, en esta década del progresismo de nuevo talante y marketing mediático, PODEMOS – PSOE y NACIONALISTA. Hemos visto la metamorfosis del totalitarismo eclosionar sin complejos. El hemiciclo parlamentario se ha convertido, hace tiempo, en un anfiteatro de variedades, un teatro de las apariencias y las sombras chinescas; nadie es quién es, especie de teatro del absurdo de Samuel Beckett. Las interpelaciones se han evangelizado (podemizado) en una suerte de ejercicios inocuos, con balas de fogueo. Guardar las apariencias de una democracia suicida, Kamikaze, por carecer de mecanismos democráticos de contrapeso (reales) equilibrio parlamentario. Sí la regla del 51% es el poder catastral del voto, estamos bien jodidos. Sobre todo, cuando el 51% está compuesto por un mix heterogéneo o mezcla caustica totalitaria, para las democracias abiertas y economías liberales.

Sí algo se ha cargado el coronavirus en su orgía de muerte, es a las democracias parlamentarias occidentales, tal cual las hemos conocido y vivido a día de hoy, y representado como modelo de libertad, desarrollo humano y riqueza. La debilidad en Física es carencia de fortaleza, y en teoría política es modernidad líquida. Quienes estén familiarizados con el concepto me entenderán mejor, sobre todo sí han leído las tesis del sociólogo Polaco Zygmunt Bauman. La pregunta de “Los tres centavos” para teatralizar el paradigma de Bauman, es referida al cómo hemos llegado hasta estos niveles de incompetencia en las instituciones democráticas abiertas. ¿Cómo un virus, un agente infeccioso microscópico acelular, puede anular a las democracias occidentales? Es una pregunta retórica, que a su vez denota una respuesta metodológica implícita y compleja. No quiero ser ambiguo con este razonamiento, tampoco entablar la teatralidad critica del modelo capitalista al estilo Bertolt Brecht.

Las democracias se han debilitado paulatinamente con la misma exactitud milimétrica del péndulo de Foucault. Sí existe una fuerza gravitacional en la política en tiempos de Google, son la sociedad de masas hiperconectada. El virus no se cargó a las democracias occidentales, éstas ya estaban muertas o debilitadas, venían así de serie. La dependencia del conocimiento horizontal, global y empoderado, las había matado. Los estados modernos ya no logran retener concentrar y centralizar los valores de igualdad, legalidad, identidad, nacionalidad y sacrificio. “Este proceso estuvo respaldado por la burguesía, clase social que se fue fortaleciendo con este tipo de Estado” El conocimiento era selectivo (las elites del poder) eran los custodios del conocimiento útil.

Hace tiempo que los parlamentos se han convertido en grandes y anacrónicos jarrones chinos, son parte de la vieja estructura visible del poder del Estado constitucional en decadencia líquida. La clase política actual ha perdido la sutileza del escalpelo o bisturí quirúrgico, para enfrentarse a una amenaza biológica. Prefieren el hacha y el machete, para la defensa, no requieren de entrenamiento previo, ni de permiso. Las dictaduras no necesitan de la sutileza del escalpelo, sino el rigor de la fuerza y respondiendo solo ante si mismos. El gobierno español en manos de titiriteros y vendedores ambulantes de peines con caspa, no quieren ser interpelados por la oposición en el parlamento. Y de ser así, no le tienen miedo a la piel de dos leones muertos con las bolas en las patas. Auténticos íconos de las puertas del parlamento.